domingo, 17 de mayo de 2009

LUNES DE REVOLUCIÓN: DEL MITO A LA REALIDAD

tomado el enlace del Blog eichikawa

Entrevista a Pablo Armando Fernández

Por Ivette Fernández Sosa

Confieso que fui a casa de Pablo Armando Fernández en busca de una receta: la que llevó a Lunes de Revolución a ser considerado el suplemento cultural más importante de Latinoamérica durante las últimas cinco décadas. Cada vez que creía tener la respuesta nuevas cuestiones salían a la luz, y es que hay ciertos fenómenos que se escapan de las categorías y las fórmulas. Coincidencias coyunturales, imaginación y otros elementos aderezaron la historia de Lunes..., sin embargo, la misión de los grandes fenómenos es, también, engendrar grandes mitos.

Lunes de Revolución, tabloide semanal del periódico Revolución, nació el 23 de marzo de 1959. Bajo la impronta de Carlos Franqui y Guillermo Cabrera Infante, prontamente acunó otros proyectos que incluirían un espacio televisivo, una editora, una compañía grabadora... Sus ambiciones eran las de divulgar toda la buena literatura que se hacía en el mundo, sin olvidar cualquier otra manifestación del arte que contribuyera a forjar el camino que estrenaba la nación cubana. Murió de manera prematura en noviembre de 1961 y ha dejado una estela difícil de sobrepasar, porque aun hurgando en sus detalles, sobre Lunes... todavía hay mucho que investigar.

Pablo Armando no cree ni en la suerte ni en la muerte, mas sí en el destino. Reconoce, sin embargo, que el suplemento fue un ejemplo de lo que puede hacerse cuando un evento es capaz de estremecer los destinos de millones de personas.

¿Cómo se vincula Pablo Armando al suplemento?

Fue Guillermo quien me hizo volver a Cuba, fue él quien me insistió en Nueva York, en abril de 1959. Ya yo había dado una vueltecita por acá, el 16 de enero, y a eso de un mes me fui. Después estuvo en marzo mi esposa y mi niña mayor, a ver a mi familia. Estábamos muy bien allí, pero Guillermito me insistió mucho durante una noche en casa en un viaje que él hizo con Carlos Franqui y otras personas más acompañando a Fidel Castro. Esa noche me habló de todos los esfuerzos que yo hice durante años para volver a Cuba, para vivir en Cuba en los años 50 cuando publiqué mi primer libro de poemas en el 53: Salterio y lamentación. Me convenció de que mi lugar estaba acá y no allá.

¿Cómo se decidían los temas que aparecerían? ¿Quién lo hacía?

Éramos un grupo bastante unido. Humberto Arenal, Calvert Casey, Antón Arrufat... Antón y yo trabajábamos mucho, sobretodo el cierre de los miércoles por la noche del número que se distribuiría el lunes siguiente. Lunes de Revolución siempre se hizo en grupo, siempre se seleccionó a alguien que dirigiera algunos números, por ejemplo, Carlos Fuentes, el gran escritor mexicano, se encargó del número dedicado a México, Juan Goitysolo se encargó del dedicado a la literatura española en el exilio, Humberto Arenal hizo un viaje a Puerto Rico para preparar el que se publicó sobre la literatura puertorriqueña, yo me encargué en Nueva York, en 1960, de la literatura negra en ese momento; así otros cubanos, como Antón Arrufat, Carlos Casey, Lisandro Otero, Edmundo Desnoes, Oscar Hurtado, se dedicaron a preparar números monográficos.

Nos reuníamos también con Virgilio Piñera, que se dedicó no solamente a números especiales, sino que, gracias a la sección “A partir de cero”, publicó a mucha gente que comenzó a darse a conocer en Lunes... y hoy en día son escritores conocidos. Nosotros organizábamos de esta manera los números, sin ningún antagonismo. Nos reuníamos en el saloncito que teníamos allí en el periódico, conversábamos y decidíamos, por ejemplo, que había que dedicarle un número a José Martí. ¿Quién se va a ocupar? Entonces alguien decía “yo”. Y así Lisandro Otero dijo “yo” a dos números de Hemingway. Rine Leal, otro de los contribuidores mayores, se encargaba de los números teatrales. Así ocurría continuamente con estas reuniones que eran muy plácidas, éramos muy libres, muy independientes, no aceptábamos ningún dogma ni ninguna secta. Diríamos que por razones familiares estábamos vinculados a gente de izquierda. Los padres de Guillermo eran militantes del Partido Comunista y su padre trabajaba en el periódico Hoy. Aunque yo había vivido en Estados Unidos desde 1945, provengo de una familia militante del Partido y también pesaban todas esas influencias de los medios en los que me movía cuando venía. Andaba con Harold Gramatges, conocía a Carlos Rafael Rodríguez, a Mirta Aguirre, a Juan Marinello...

Para ser un suplemento cultural Lunes... tuvo mucha influencia política y aun por textos de carácter literario. ¿Hay un compromiso obligado de la cultura para con la política? ¿Cómo funcionó en el caso específico de la publicación?

La política corresponde a la condición humana. Hablar de política desde un partido determinado, desde un dogma, desde una secta, no es lo que podía influirnos a nosotros. En el segundo número de Lunes... o en el tercero, se publica un editorial donde se dice que “no somos comunistas, pero tampoco somos anticomunistas...”

Se ha dicho que Lunes... era un suplemento similar a los magazines culturales franceses de finales de los 50 del siglo XX...

El formato se lo dio Jacques Brouté y es muy posible que como francés siguiese una línea determinada, pero también había suplementos literarios en Estados Unidos que tenían ese formato.

¿Cuál fue la receta capaz de llevarlo de 6 a 64 páginas y a una tirada de más de 200 000 ejemplares?

(Se sonríe) Ninguna. Fue creciendo de 6 páginas a 64 porque se fue convirtiendo en algo realmente serio que nos ponía en contacto con el mundo exterior y con lo que estaba dentro de nosotros. Se fue extendiendo naturalmente, no había nada determinado, ninguna influencia de nadie. Hay que decir que Lunes... era una invención de Carlos Franqui, director del periódico Revolución, quien ya había hecho antes, con Guillermo y otras personas más, un suplemento, un magazín, como le decían ellos.

¿Cómo logró una publicación tan joven granjearse la atención y colaboración de renombradas figuras de la cultura nacional y extranjera?

No éramos nosotros, era Cuba. Cuba iniciaba el primer gesto de amor que había ocurrido en cinco siglos en este continente. Nada semejante había pasado antes. Todavía no teníamos el desarrollo que nos ha dado un rostro y una voz que es la Educación y la Salud. Entonces tuvimos por acá a Jean Paul Sartre, a Pablo Neruda, se les dedicaban números específicos a ellos. Por aquí pasaron muchas de las personalidades más serias de nuestra cultura y nuestra literatura, artistas plásticos, músicos... Ellos tenían interés en venir a Cuba y nosotros hacíamos el movimiento adecuado para la invitación, que la hacía el periódico Revolución.


Tomado de una tesis de licenciatura de periodismo de la Facultad de Comunicación de La Habana: “El auge de Lunes de Revolución había alcanzado grado tal de connotación que estaba en otros medios públicos el primer día de la semana. De esta forma acuñó su “R”  en espacios tales como, un programa nocturno en la televisión de igual nombre que el magazín, uno de radio, una compañía grabadora, Sonido Erre, y una editorial, Ediciones Erre, que junto con el semanario es la marca mayor dejada por las “R”  en la cultura cubana. Desde entonces, no se conoce ninguna publicación nacional que en tan corto período de tiempo, haya alcanzado tan alto reconocimiento, ni tan agudo nivel de integralidad en la eficacia estética”. ¿Las ambiciones de Lunes... eran las de convertirse en un gran fenómeno cultural?

No creo que nosotros tuviéramos esa intención. Por esa misma época se creó el ICAIC, Casa de las Américas también comienza en abril de 1959. Estaban naciendo varias instituciones culturales.

Lunes... desaparece porque la persona que dirigía Cultura en ese momento en este país, dijo que la UNEAC tenía que hacer una gaceta y una revista y que los suplementos literarios iban a desaparecer. Esto era un empeño anterior, pues desde el año 59 Lunes... tuvo enemigos muy poderosos que quisieron eliminarlo. Pero tuvo también amigos muy, muy fieles, profundos. Y lo constatas cuando tú ves en Lunes de Revolución un número dedicado a las opiniones de algunas personalidades, y ahí está el Che Guevara, Fidel Castro, Haydee Santamaría...

William Luis, en un artículo titulado “Lunes de Revolución  y la revolución de Lunes”, afirma: “Si los acontecimientos que se relacionan con la Revolución Cubana fueron necesarios para el desarrollo de la novela del Boom, Lunes de Revolución inicia dicho proceso y sus páginas se convierten en el vehículo que mejor expresa la literatura y la cultura cubanas en los inicios de los sesenta, reuniendo muchas de las características que se asociarían, más tarde, con el fenómeno literario del Boom”.

Yo no ligaría una cosa a la otra, porque el Boom es muy posterior…  Lunes de Revolución desaparece el 6 de noviembre de 1961 y el Boom coge fuerza mucho más allá, cuando se publica la obra de Carlos Fuentes, Vargas Llosa, de Lezama Lima y de Julio Cortázar, incluyendo la de Cabrera Infante. Yo no vincularía a Lunes... con el Boom. A lo mejor lo tiene por otra circunstancia, por otros hechos, por la presencia de muchas de estas personalidades. Pero también está Casa de las Américas que comenzó su concurso literario en 1960 y Carlos Fuentes fue jurado y eso nos posibilitó a nosotros preparar un número sobre la literatura latinoamericana de ese momento. 

Los grandes fenómenos a veces generan grandes mitos. ¿Alguna vez ha escuchado algo que no se corresponda con la realidad de la revista?

Sí. Continuamente escucho tonterías de algunos artículos que se publicaron, dos o tres, contra Orígenes. Hubo un artículo de Berros, que fue uno de los que iniciaron, pero cuando llegué en el mes de mayo o junio, ya Berros no estaba. Yo, por ejemplo, escribí una notica pequeña criticando la antología de Cintio Vitier de 1960. Pero Cintio colaboró con el número dedicado a Ballagas y ya se ha publicado un artículo contra Lo cubano en la poesía.

El otro día estábamos en una ciudad reunidos un grupo de poetas y uno habló de eso, de Lunes de Revolución contra los origenistas y yo dije “pare”. Escribió Enrique Berros una cosa y Fernández Bonilla escribió también un articulito sin mucha importancia. Lo mío fue específicamente sobre la antología de Cintio, porque me dolió que yo no estuviera allí, que no estuviéramos ninguno de nosotros, los de la generación del 50.

¿Entonces no hubo tal ruptura con los origenistas?

No. Lezama nunca dejó de colaborar con Lunes... Nunca me faltó. Siempre colaboró conmigo.

¿Es cierto que usted era el diplomático del grupo y el enviado de llevar acabo misiones delicadas, incluida la de pedir a Lezama que escribiera para Lunes…?

No creo que nadie lo pidiera. Estaba muy cercano a nosotros. Fue también Severo Sarduy quien dio la idea de dedicar un número a Ballagas.

En una entrevista concedida hace unos años, usted afirma: “Todas las semanas nosotros encontrábamos un enemigo: los comunistas o los anticomunistas. Los unos porque publicábamos a Trotzky, los otros porque publicábamos a Maiakovski”. ¿Qué otros obstáculos encontró Lunes...?

Realmente no fue un obstáculo porque nosotros no les hacíamos caso. Una de las cosas que aprendimos fue a no hacerles caso a la crítica de ninguna índole, ni a los que nos favorecían, ni a los que nos despreciaban, porque entonces habría que seguir una línea sectaria y nosotros queríamos andar plenamente libres, independientes. Nuestros postulados fundamentales eran publicar toda la literatura universal, en sus distintos aspectos.

¿Cuál fue el mayor acierto de Lunes...? ¿Qué le hizo —a su criterio— pasar exitosamente a la historia?

Precisamente eso, estar abierta a todas las voces, voces emancipadoras, voces en busca de un rostro con características propias dondequiera que estuvieran. Jean Paul Sartre era para nosotros una figura excepcional, como podía serlo Faulkner, o Borges, Octavio Paz, algunos que eran de izquierda habían pasado para la derecha, pero esas cosas nosotros no la considerábamos. También hubo espacio para los sucesos de Playa Girón en el 61, cuando Cuba se declara socialista. Yo quisiera que se hiciera una edición con todos los artículos de Virgilio Piñera, de Antón Arrufat, de Calvert Casey, de Guillermo Cabrera Infante, de Baragaño, de los demás, incluyéndome, en defensa de esta Revolución y que están en Lunes... Algunos editoriales son poderosos y muy fuertes y están hechos por nosotros, no por nadie del Partido.

¿A la postre estuvieron conformes? ¿Lunes... salió como ustedes querían que saliera?

Absolutamente. Nosotros nunca tuvimos una mano opresora o nadie que nos dirigiera. Nosotros hacíamos lo que queríamos. Éramos un grupo grande. La clave del éxito está en hacer lo que se quiere, cuando se quiere con amor. Tuvimos detrás de nosotros el gesto más importante de la historia de este continente con la Revolución Cubana y estábamos aquí por ella. En 1959, Fayad Jamís, Jaime Sarusky y otros estaban en París. Todavía por Nueva York andábamos Heberto Padilla, Edmundo Desnoes y yo. Roberto Fernández Retamar regresó en el 58 a Cuba y Antón Arrufat también. En Caracas estaba Pedro Oraá y Escardó en México. César López que estaba en España con Pepe Triana y Ambrosio Fornet. Verás ahí muchos de los Premios Nacionales de Literatura de este país.

Yo insisto en que hay una receta. Quizás se trate de hacer lo que se quiere contando con un grupo de personas con intereses comunes en torno a un evento de gran dimensión como la Revolución...

Y para eso teníamos que estar preparados, y no pensar que poseíamos todo el conocimiento y la cultura y el saber que tenemos hoy. Fueron momentos difíciles.

Sin embargo, a mí, en Estados Unidos, en dos grandes universidades y en la Biblioteca del Congreso, los elogios que me hicieron de Lunes de Revolución son  para llorar.

Se ha dicho que en Lunes... la literatura no fue representada como una categoría estrecha y para una élite, sino que tenía implicaciones amplias para que estuviera al alcance del lector. ¿Considera usted que había para cubrir muchos gustos?

Claro. Además de la literatura hubo tres números dedicados a Playa Girón, uno dedicado a la Coubre, otro a la Agricultura cuando se hace la Ley de la Reforma Agraria. También hubo materiales para buscarse muchas enemistades, pero no nos vencieron. Nos vencieron cuando cerraron Lunes de Revolución y el pretexto fue crear la Unión de Artistas y Escritores de Cuba para seguir entonces una política dirigida.

¿Y la polémica que hubo con “11 p.m.”? ¿No tuvo que ver el cierre del suplemento con la presentación del documental realizado ese año por Sabá Cabrera Infante? 

Eso fue después… La ruptura de Lunes... estaba ya programada. En 1960 se hacían reuniones algunos jueves para decir que había que unir a Hoy domingo y Lunes de Revolución, que teníamos que estar juntos y por esa base de unidad querían controlar la cultura de este país. Y eso hace posible que después del Congreso que acontece en agosto de 1961 se cierre Lunes..., en noviembre.

¿Por qué un periódico que salió algo más de dos años logró captar la atención de tanta gente por más de 50?

Porque ahí está todo. Todo lo que nos había precedido. Hay una visión de lo que estaba ocurriendo en el siglo XX desde la Revolución de Octubre, de 1917, hasta los días en que Cuba encontraba un camino hacia donde ir. Nosotros no despreciamos nunca a nadie. Estaban ahí, eran la historia de nuestra cultura universal en el siglo XX. Hasta su último número que está dedicado a Pablo Picasso.

¿Eso representó un símbolo?

Claro que sí. Claro que se lo dedicamos a Pablo Picasso porque sabíamos que Lunes... se iba  a cerrar, y Picasso era un maestro, que nos había ofrecido hacer una paloma al aire para el monumento donde estuvo el águila imperial.

1 comentario:

la giraldilla dijo...

Un verdadero documento cultural de amplios horizontes y gran valor que dio a conocer verdaderas joyas de la Literatura por nombres que con los años llegarona a destacarse en el ámbito cultural cubano.