jueves, 19 de junio de 2008

SIGNIFICO, LUEGO EXISTO

Foto de Oliviero Toscani, el controversial fotógrafo de Benetton


Un día en la vida de los hombres

Por: Julio Mitjans

El catorce de junio, en Cuba, sucedió algo inusitado: gays, lesbianas, bisexuales,t ransexuales, travestís, se reunieron en las Playas del Este en Ciudad de La Habana, para celebrar el día del orgullo gay en Cuba. Así fue como ellos lo vieron, los asistentes.

Ondeó la bandera del arcoiris, y por primera vez en la vida vi a más de un policía dedicándose a cuidar el orden realmente, cuando de homosexuales se trata. Porque en Cuba, aunque no sea noticia nueva, es imposible recordar una escena como esa, los policías cuidando la tranquilidad ciudadana de la comunidad homosexual.

Los agentes del orden miraban con expectación tratando de encontrar una razón del por qué de aquella actitud nueva para ellos.

Repito, los homosexuales siempre han sido uno de sus blanco favoritos. Es más, debo compartir algo. El fin de semana precedente al sábado 14 de junio, se desplegó en toda la ciudad un operativo policial destinado a purificar la comunidad homosexual. Fui testigo de cómo eran detenidos ciudadanos en la calle, cuando después de la semana laboral es habitual que el homosexual habanero salga a tomarse unos tragos y coger aire, ligar en los alrededores del Capitolio, parque de la Fraternidad, Malecón, y la esquina de 23 y L.

Así fue durante toda la noche; “había que garantizar la tranquilidad ciudadana en Mi Cayito”, no se les podía ir de las manos “aquella concentración de maricones y tortilleras”; así se expresaban los policías con respecto a los homosexuales.

Pero volvamos al catorce. Qué pasó allí?

Confieso que estaba emocionado. Mariela Castro dijo unas palabras. Habló de la necesidad del respeto a la diferencia.

Esta mujer ha sido la única voz visible en los círculos de poder de nuestro país. Ella argumenta la necesidad de aceptación de los homosexuales, que han vivido un exilio interno que ya es atávico.

Ahora, qué significa que una mujer tan cercana al poder sea la abanderada de esta lucha? No es mi ánimo desautorizarla, porque lo importante es que alguien lo haga de manera visible. Solo que en Cuba este no es un tema que se pueda ver como un fenómeno aislado.

La sociedad cubana en su ámbito doméstico siempre ha sido pacata, prejuiciosa, machista, racista. Siempre optando por la corrección que implica el silencio selectivo; siempre creyendo que es mejor excluir que sumar.

Así nos hemos formado. Con temor al que dirán, y por supuesto, con la significativa doble moral que esto engendra.

Es necesario que el respeto a la diferencia sea una presencia en nuestros más significativos actos y en los más personales. Por esta imposibilidad de convivir con la diferencia, se perdieron los hacedores de oficios, de valor estructural incalculable para la sociedad. Ellos se perdieron porque había que ser universitario.

Nuestra educación también debe cambiar. No todos tenemos que ir a la universidad para ser. El hojalatero, la costurera, el cocinero, el carpintero, el zapatero, el artesano, el barbero, el plomero, el albañil, son personas útiles y necesarias a la sociedad, y el sistema educacional cubano no les da el adecuado lugar que merecen, al no connotar a nivel comunitario, la importancia de su labor y de su espacio en el sistema de redes socio culturales.

Me pregunto, por qué en un estado laico, los practicantes de la santería deben pedir permiso policial para realizar sus ceremonias; y no están obligados a pedirlo los católicos y las denominaciones protestantes del Consejo Ecuménico Nacional.

Soy más explícito. Las misas católicas y los cultos de los protestantes no están sujetos a restricción policial alguna, sin embargo, los toques de tambor a los orishas solo pueden realizarse previa autorización policial.

Así andando las cosas, Mariela Castro, junto al proyecto Color Cubano que se encarga de las reivindicaciones del negro, son un oasis en la vida cubana, sociedad en la que tanta diferencia no es admitida. Es silenciada, y no reconocida.

Ahora sólo queda decidirnos por una sociedad más justa, menos discriminatoria, en la que los significados cumplan su función y no sean silenciados u obviados.

La Habana, junio del 2008

No hay comentarios: